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viernes, 30 de marzo de 2012

2.1- Causas Internas y Externas.


LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO.

Desde los protagonistas de los acontecimientos y sus contemporáneos hasta la actualidad, en cada época y por cada autor se han intentado resumir en varias las causas de la independencia, destacando algún aspecto parcial de acuerdo con la perspectiva histórica del momento, por lo que el resultado es que hoy disponemos de una extensa relación de posibles motivos originarios de la más variada naturaleza, y de difícil análisis, cuya simple enumeración resultaría poco explicativa y hasta cierto punto engañosa. Más importante sería analizar el nivel de generalidad de cada una de estas causas y situarlas en la perspectiva adecuada, ponderando su importancia relativa respecto a las demás y en cada uno de los territorios afectados: lo que puede actuar como causa decisiva o tomarse como característico en México (núcleo esencial del virreinato de Nueva España)

Por ello, la determinación genérica de las causas de la independencia, como modelo teórico, debe remitir siempre al análisis del proceso y de sus características específicas en cada uno de los territorios.
Desde el siglo XIX, las causas de la independencia se han venido presentando divididas en dos grupos: causas internas de carácter negativo y causas externas de carácter positivo.

Las causas internas

Pueden ser consideradas como causas internas aquéllas que se originaron en el interior de la sociedad mexicana como resultado de su propio desarrollo histórico, y se caracterizan por destacar algunos aspectos negativos de la acción colonizadora española. En general, todos estos posibles motivos fueron señalados desde los primeros momentos del proceso independentista, a veces por los mismos protagonistas de los acontecimientos, por lo que suelen tener una intención más justificativa que explicativa. Así, por ejemplo, cuando se atribuye el deseo de independencia a la corrupción administrativa y la inmoralidad burocrática por parte de las autoridades españolas, o a la relajación de las costumbres del clero, se trata de destacar algunos casos, que sin duda fueron tenidos en cuenta por los patriotas, pero a los que no puede atribuirse un carácter generalizado a toda la administración y a todos los territorios.
En México, también el bajo clero, como muestra la destacada participación de los sacerdotes Miguel Hidalgo y José María Morelos, colaboró con los revolucionarios y tuvo una participación destacada en la independencia. Otras posibles causas aducidas reiteradamente, como la crueldad y el despotismo con que eran tratados los indígenas y las restricciones culturales impuestas por las autoridades españolas, están en abierta contradicción con algunos datos de la realidad.

En el virreinato de la Nueva España, muchos indígenas militaron en el bando realista, lo que dio a los enfrentamientos en esos territorios un carácter de verdadera guerra civil. La existencia de universidades en muchas de las más importantes ciudades hispanoamericanas, así como la formación cultural en las mismas de los propios caudillos independentistas son otros tantos argumentos en contra de la generalización de las razones mencionadas, necesitadas de precisiones que alteran considerablemente su interpretación, como sucede con la rivalidad entre criollos y españoles, con la consiguiente postergación de aquéllos, y el establecimiento de un régimen de monopolios, gabelas y trabas, que dificultaba el desarrollo de la economía americana y frenaba el crecimiento de su capacidad productiva.
La legislación española no diferenciaba entre los españoles peninsulares y americanos, por lo que el problema se planteaba, igual que en España, entre los naturales de una región, provincia o reino que aspiraban a ocupar los puestos de la administración en su tierra y los que provenían de otras zonas, ocupaban los cargos y desplazaban a los naturales, generalmente por residir en la corte o tener valedores en ella. En cuanto al sistema económico, su influencia se vio disminuida por el incumplimiento sistemático de la normativa, el contrabando y la escasa capacidad industrial de los territorios americanos. Más bien fueron las medidas económicas de carácter liberal que venían implantándose desde el siglo XVIII las que estimularon en la burguesía criolla un creciente deseo de libertad mercantil.

Mayor importancia que las mencionadas hasta aquí tuvieron las siguientes causas:

a) La concepción patrimonial del Estado, toda vez que las Indias estaban vinculadas a España a través de la persona del monarca. Las abdicaciones forzadas de Carlos IV y Fernando VII, en 1808, rompieron la legitimidad establecida e interrumpieron los vínculos existentes entre la Corona y los territorios hispanoamericanos, que se vieron en la necesidad de atender a su propio gobierno.

b) La difusión de doctrinas populistas. Desde santo Tomás de Aquino hasta el español Francisco Suárez, la tradición escolástica había mantenido la teoría de que la soberanía revierte al pueblo cuando falta la figura del rey. Esta doctrina de la soberanía popular, vigente en España, debió de influir en los independentistas tanto como las emanadas del pensamiento ilustrado del siglo XVIII.

c) La labor de los jesuitas. Las críticas dirigidas por los miembros de la Compañía de Jesús a la actuación española en América después de su expulsión de España en 1767, plasmadas en abundantes publicaciones, tuvieron gran importancia en la generación de un clima de oposición al dominio español entre la burguesía criolla.

d) Las enseñanzas impartidas por las universidades y el papel desarrollado por las academias literarias, las sociedades económicas y la masonería. La difusión de ideas liberales y revolucionarias contrarias a la actuación de España en América ejerció una gran influencia en la formación de algunos de los principales líderes de la independencia, cuya vinculación con la Logia Lautaro les proporcionó el marco adecuado para la conspiración.

Las causas externas

Pueden ser consideradas como causas externas aquellas que actuaron sobre el proceso independentista desde fuera de los dominios imperiales españoles, en especial desde Europa y Estados Unidos. Algunas de estas causas, como la Declaración de Independencia estadounidense o la Revolución Francesa, cuya influencia en la historia mundial es evidente, actuaron más como modelos que como causas directas del proceso. Mayor importancia tuvo las ideas enciclopedistas y liberales procedentes de Francia. España se levantó contra Napoleón el 2 de mayo de 1808.Este suceso facilitó la independencia de México y otros países de latino América. Así como las relaciones de convivencia de muchos de los máximos dirigentes independentistas, como Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar, Mariano Moreno, Carlos de Alvear, Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera Verdugo, Juan Pío de Montúfar y Vicente Rocafuerte, que se encontraron con frecuencia en Londres, así como los contactos que mantuvieron con los centros políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Ello les permitió equiparse ideológicamente, pero también les proporcionó la posibilidad de contar con apoyos exteriores y las necesarias fuentes de financiación para sus proyectos.

2.2- La Invasión de Napoleón a España y su Impacto en la Colonia.


La crisis española de 1808


La revolución francesa provocó una situación crítica en Europa y en ese momento, con una España en bancarrota, morían Carlos III sucediendo su débil hijo Carlos IV. Su falta de experiencia lo condujo a deshacerse del hábil cunde de Aranda, ministro de su Padre, para elevar a la primera magistratura a Manuel Godoy, hombre capaz pero quien despertó el terrible rumor de que la razón de su ascenso en el ser amante de la reina; esta situación de arresto el respeto de sus súbditos.

Aranda simpatizaba con algunos principios de la revolución francesa y pensaba que España no debía entrometerse, opinión que Carlos IV no compartía. A la ejecución de Luis XVI, el rey no esperó más y emprendió la guerra contra la Francia revolucionaria, siendo derrotado. Godoy promovió entonces una alianza con la república francesa y después cuna Pujol, lo que convirtió España en enemiga de la gran Bretaña, que dirigía las coaliciones  de monarcas europeos contra Francia. El poderío marítimo británico le acento un golpe terrible a España en la batalla de trafalgar, en la que les hizo su flota. Una España más débil tenía que cumplir con las exigencias económicas que le imponía napoleón, tanto, que una parte del dinero de la convalidación de vales reales a sus arcas.

El malestar empezó a extenderse contra la república de Carlos IV y de suministro Godoy, circunstancia de que el sucesor al trono, Fernando, utilizó para desplazar a su Padre.

En 1808, Godoy consideró que la situación era insostenible. Carlos IV no tenía apoyos dentro de la península y la amenaza de Francia era inminente, por lo que aconsejó a los monarcas que se trasladen a la nueva España o que mudaran su corte a un lugar menos hostil. Fernando y sus adictos aprovecharon ese hecho para investigar un motín que obligó a Carlos IV a abdicar.

Napoleón para entonces, dueño de medio Europa, pidió permiso para que sus ejércitos cruzaran la península para someter a Portugal, de manera que pudo aprovechar la situación para extenderse hacia España y obligó a Padre e hijo a ir a Bayona. En ese lugar, los dos abdicaron la corona, que entregó a su Hermano José Bonaparte.

Burócratas y militares atacaron la imposición napoleónica, pero el pueblo español inició una feroz resistencia informó juntas regionales por organizar la defensa. Las cuentas lograron consolidarse en una suprema que, después de reconocer la igualdad de los reinos americanos, nombró una regencia que decidió convocar a cortes para discutir cómo se gobernaría que impidió en ausencia de Fernando VII.

La convocatoria para elección de diputados de 1809 incluyó por primera vez a las colonias de América, con lo que en la reunión de las cortes en la isla de León, frente a Cádiz, los americanos participaban en la política imperial. Las elecciones para elegir representantes acorte fomentaron la efervescencia provocada por los eventos de 1808. Los diecisiete diputados novohispanos participaron activamente en la nueva revolución en el gobierno, estrenándose en la política.

 La reacción de la nueva España ante la crisis


En junio y julio de 1808 llegaron a la capital del virreinato las noticias de los sucesos de España, que se convirtieron en temas de las tertulias y reuniones. Se discutía el significado que tenía para la nueva España la desaparición de la corona y el ascenso de un rey " ilegítimo". Se perfilaron dos posiciones: el ayuntamiento sostenía que la soberanía había revertido al pueblo y había que convocar una junta de todo el reino, semejante a las formadas en la península; el real acuerdo, a su vez, sostenía que la nueva España debía mantener su dependencia del gobierno instalado en la metrópoli.

Lo anterior no obstó para que, a la llegada de las noticias del levantamiento del pueblo español, hubiera júbilo y todas las clases aportarán donativos para la lucha contra los franceses.

El virrey favoreció la posesión del ayuntamiento y convocó a las provincias a nombrar representantes para una junta del reino que desistiera la forma en que se guardaría en ausencia de su legítimo rey. Sin embargo, esto se vio frustrado por una conspiración de españoles el 15 de septiembre, que tomó presumidos al virrey, a su familia y a los principales líderes del ayuntamiento.

El golpe de estado se consumo, nombrando como virrey interino a Don Pedro de Garibay. Hay que subrayar que los criollos habían intentado la autonomía por vía del derecho y que fueron los peninsulares los que mostraron la vía de la violencia.

2.3- Insurgencia Militar y Política de 1811 - 1815

La llamada etapa de organización de la guerra independentista de México comprende los sucesos bélicos y políticos ocurridos entre el momento en que Ignacio López Rayón fue nombrado jefe de las fuerzas insurgentes en Saltillo --poco antes de que Hidalgo, Allende, y otros jefes insurgentes fueran presos y ejecutados en el norte de México-- y el fusilamiento del Siervo de la Patria, José María Morelos y Pavón. Es decir, comprende del 16 de marzo de 1811 al 22 de diciembre de 1815. Cuatro años que fueron de los más brillantes en lo que se refiere a las acciones de guerra y de posicionamiento ideológico del movimiento independentista de México.

López Rayón y la Junta de Zitácuaro


Como se ha dicho, López Rayón fue nombrado jefe de las tropas insurgentes en Saltillo, Coahuila, poco antes de la captura de los jefes insurgentes de la primera etapa de la guerra de independencia. Este cargo lo compartió con José María Liceaga. A la cabeza de unos mil hombres que constituían el remanente del primer Ejército Insurgente, se encaminó hacia el sur, rumbo a Michoacán, a través de un largo camino. Todo el territorio que había sido tomado inicialmente por movimientos regionales simpatizantes de la insurgencia había sido recuperado por el ejército virreinal; hecho que añadió una dificultad mayor a la travesía a través del árido territorio de a Mesa Central mexicana.

Finalmente, López Rayón fue capaz de conducir a esta pequeña tropa hasta Zitácuaro, una villa localizada en el oriente de la intendencia de Michoacán. Allí, el 19 de agosto de 1811, convocó a la formación de una Suprema Junta Nacional Americana que debía gobernar en nombre de Fernando VII, y esto para

...para la conservación de sus derechos, defensa de nuestra religión santa e indemnización y libertad de nuestra oprimida Patria.
Ignacio López Rayón, citado en Lemoine (1978)

Según esto, la Junta de Zitácuaro no difería en sus propósitos de aquéllas establecidas en otras partes de América; para quienes la existencia de estos concejos estaba justificada en la conservación de la soberanía en nombre del destronado rey de España hasta que no volviera a ocupar la titularidad de la Corona. La Junta de Zitácuaro reunió sobre todo a la élite criolla del centro de México. Contó con el apoyo de Morelos, jefe de la insurgencia en la sierra Madre del Sur. A ella se le debe el primer proyecto de constitución nacional, que no prosperó; el primer cuño de monedas propiamente mexicanas; así como los primeros intentos por lograr el reconocimiento de la comunidad internacional (intentos que iniciaron con el envío de un embajador a Estados Unidos).

En sus intentos por legitimarse frente a los jefes regionales y ganar prestigio ante el ejército realista, la Junta de Zitácuaro, o mejor dicho, López Rayón --en su cargo de Ministro Universal de la Nación, y en otras palabras, jefe de la Junta-- emprendió una serie de campañas militares que no le rindieron los dividendos esperados. A pesar de contar con el apoyo de Los Guadalupe y otros benefactores de la causa insurgente; López Rayón fue incapaz de impedir que la Junta fuera expulsada de Zitácuaro por Calleja, en los primeros días de 1812. Acto seguido, los vocales decidieron actuar cada uno por su cuenta en distintas regiones del sur de México: José Sixto Verduzco permaneció en Michoacán, Rayón se trasladó a la intendencia de México, y Liceaga se internó en el territorio de Guanajuato.

Reclamando cada uno para sí la jefatura de la Junta, los jefes entraron en una discusión que finalmente condujo a la desaparición de facto de este órgano de gobierno hacia la primera mitad de 1813. La Junta de Zitácuaro fue sustituida por el Congreso de Chilpancingo como máximo órgano de gobierno de la nación americana. Durante el tiempo en que la Junta de Zitácuaro se tuvo que trasladar de Michoacán al mineral de Sultepec (en el poniente de la intendencia de México) sobresalió la producción intelectual de José María de Costilla, cura de San Cosme, intendencia de Zacatecas. A él se debe la edición de un segundo órgano informativo de los insurgentes, impreso en una imprenta que él mismo construyó. Su pluma fue dura contra las autoridades virreinales, y en él se muestra una tendencia a la radicalización política del movimiento insurgente.

Morelos y el Congreso de Chilpancingo


Al igual que López Rayón, Don José María Morelos y Pavón no era novato en las acciones bélicas de los insurgentes. Como el jefe de la Junta de Zitácuaro, Morelos también había tenido actividad casi desde el principio de la guerra de independencia, especialmente en la región de Tierra Caliente de Michoacán y México. Aunque es común señalar que recibió el mando de los insurgentes luego de la captura de Hidalgo, Allende y Aldama; Morelos era en realidad un jefe militar regional, supeditado a la autoridad de la Junta de Zitácuaro. Era, por lo tanto, un subordinado de López Rayón. Sin embargo, sí es posible decir que Hidalgo y Morelos si se conocieron, aunque sólo se entrevistaron una vez en toda su vida en el pueblo de Charo, hasta donde Morelos tuvo que seguir a Hidalgo, ante su negativa de recibirlo, desde Indaparapeo.

La campaña de Morelos inició en Carácuaro, un pueblo calentano de Michoacán. Ernesto Lemoine divide su campaña en dos partes, cuyo parte aguas es el desastre de Valladolid, donde fue estrepitosamente derrotado por el ejército realista. Antes de ese episodio, acontecido en 1813, Morelos había ganado prestigio como estratega militar (aunque no tenía ninguna formación como soldado). Pero luego de su derrota en la tierra donde nació, Morelos y su ejército fueron dando un traspié tras otro, hasta que finalmente la mayor parte de los jefes de su ejército, o bien fueron muertos en combate, o bien fueron presos y fusilados por las tropas virreinales.

Habiendo levantado en armas a Carácuaro, Morelos se internó en la depresión del Balsas y la sierra Madre del Sur, donde uno tras otro fue sumando Zacatula, Petatlán y Tecpan a la lucha contra las autoridades virreinales. En mayo de 1811, el ejército de Morelos --en el que se hallaban incluidos los cuatro hermanos Galeana (el más conocido de ellos es Hermenegildo) su tropa de negros costeños-- tomó Chilpancingo, Tixtla, Taxco.

Luego de haber penetrado en el territorio de la intendencia de Puebla, donde venció a los realistas en Chiautla, el cura de Carácuaro dividió su ejército en tres columnas. Una, al frente de Nicolás Bravo, avanzó a Oaxaca. En su camino hacia el sureste, Bravo tomó Acatlán y Huajuapan. Otro brazo, al mando de Hermenegildo Galeana volvió a Taxco. El tercer grupo insurgente, encabezado personalmente por Morelos, se encaminó hacia el valle de Puebla-Tlaxcala. Tomó Izúcar, donde sumó a Mariano Matamoros, cura por más señas, y al hijo de éste. Morelos finalmente no avanzó hacia Puebla de los Ángeles, pero siguiendo al occidente, el 24 de diciembre de 1811 conquistó la villa de Cuautla para la causa insurgente.

En febrero de 1812, Félix María Calleja --la mejor espada de Nueva España, como le habían apodado merced a sus múltiples victorias frente a los insurgentes-- fue comisionado por el virrey Vanegas para que terminara de una vez por todas con el ejército de Morelos. Desde luego que Calleja esperaba vencer con facilidad a los insurgentes, sobre todo estando en ventaja numérica y siendo los rebeldes un puñado de guerrilleros sin instrucción militar --o al menos, esto era lo que pensaba el futuro virrey de la Nueva España--. Así las cosas, inició en sitio de Cuautla; misma suerte que en la Mixteca poblana estaba padeciendo Izúcar. Para este tiempo, López Rayón y la Junta ya habían sido arrojados de Zitácuaro.

Luego de setenta y dos días de combate, ambos bandos fueron incapaces de vencer. Los realistas habían fracasado también en el intento de recuperar Izúcar, y el 2 de marzo, los pudieron romper el sitio, evacuando Cuautla para evitar una masacre de civiles. En la defensa final de esa plaza de lo que actualmente es el estado de Morelos participaron también los propios habitantes de la villa, destacándose un grupo de niños llamados Los Emulantes. Este batallón infantil insurgente fue encabezado por el hijo natural del cura Morelos, Juan Nepomuceno Almonte, y formaba parte del él Narciso Mendoza, mejor conocido en la historia de México como el Niño Artillero. Habiendo desalojado Cuautla, los insurgentes se dispersaron hacia el oriente, rumbo a Izúcar y Chiautla.

Acosados por el ejército español, los insurgentes se trasladaron hacia el oriente de Puebla, tomaron la villa de Orizaba, y se enfrentaron al ejército virreinal en las cumbres de Acultzingo, en el límite de Puebla y Veracruz. Nuevamente, el enfrentamiento no dejó un vencedor claro, y como en Cuautla e Izúcar, los insurgentes tuvieron que desplazarse, en esta ocasión hacia el sur. Luego de capturar Tehuacán, Morelos y su ejército ocuparon la ciudad de Oaxaca, donde instituyó un gobierno autónomo. El gobierno insurgente de la ciudad de Oaxaca duró de 1812 a 1814, cuando fue recuperada la población por el ejército realista. Más allá de representar la primera y única vez en que Morelos fue capaz de tomar el control de una ciudad importante, fue Oaxaca el sitio donde Morelos se deslindó finalmente de la tesis Fernandita de la Junta de Zitácuaro (ya establecida y moribunda en Sultepec). En Oaxaca, Morelos convoca a la formación de un Congreso Nacional con representantes electos por voto popular. La cita sería en Chilpancingo.

Con el propósito de llegar a Chilpancingo para el Congreso Nacional, el ejército de Morelos se dirige hacia la Costa Grande, y finalmente rinde el castillo de San Diego de Acapulco, en agosto de 1813. De esta suerte, la comunicación marítima con Filipinas por el océano Pacífico quedó bajo control de los insurgentes.

Congreso de Chilpancingo


Las múltiples victorias del ejército de Morelos habían dado al cura de Carácuaro un prestigio del que carecía López Rayón y sus deslucidos enfrentamientos contra los españoles en Valladolid y Zitácuaro, de donde fue expulsado con la Junta en 1812. En cambio, hacia mediados de 1813, Morelos dominaba gran parte del sur de las intendencias de México, Puebla y Oaxaca. Gracias a esa autoridad militar, Morelos pudo dar un giro radical al planteamiento político de la revolución independentista. Para ello, se apoyó en numerosos personajes que participaron en el Congreso de Chilpancingo convocado por él en junio de 1813; congreso que se llevó a cabo en septiembre de ese mismo año, luego de la captura de Acapulco.

Ya en Chilpancingo, Morelos entrega a los congresistas un documento intitulado Sentimientos de la Nación. Este documento refleja la posición política de Morelos, para quien...

...la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía...
Morelos, "Sentimientos de la Nación", Artículo 1°
y solicita a los representantes populares...
...que así se sancione, dando al mundo las razones
Morelos, ibidem.

Los Sentimientos de la Nación incluyen además una serie de disposiciones en lo económico, lo político y social que rompían definitivamente con López Rayón y sus seguidores. Éstos, una vez preso el cura Hidalgo en 1811, habían enviado una carta a Calleja donde exponían sus argumentos a favor del movimiento revolucionario. En ella se señalaba que el propósito era restituir la legitimidad existente antes de la supresión de la Junta de México y el golpe de Estado contra Iturrigaray. Se justificaba el movimiento en tanto que, como fue expuesto por los miembros de la Junta de México, América era dependiente del rey de España, pero no de la nación española; y que por tanto, la independencia buscada no era con respecto a la Corona, sino del "gobierno ilegítimo" que se había reunido Cádiz.

En contraste con la posición de la Junta de Zitácuaro, el Congreso de Chilpancingo se dio a la tarea de definir jurídicamente las razones por las cuales la América mexicana debía ser libre de España. Por otra parte, los diputados reunidos en Chilpancingo no eran los únicos pensadores que se manifestaban a favor de la lucha independentista radicalizada de Morelos. Una de las plumas más revolucionarias favorables a la insurgencia fue la de Servando Teresa de Mier. A diferencia de Bustamante y Quintana Roo, para quienes el problema se solucionaba con definir al pueblo o a los ayuntamientos como los representantes legítimos de la nación; Teresa de Mier desarrolla estas tesis influido por el liberalismo francés, y sostiene que América...

... posee su propio pacto social, que la constituyó como parte de integrante de la monarquía española, y que Carlos V contrajo con los conquistadores y los mismos indios, a quienes consideró vasallos a cambio de concederles exenciones y privilegios. Desde entonces, pese al despotismo, "conservaron los reyes en el fondo nuestras leyes fundamentales, según las cuales las América son los reinos independientes de España sin otro vínculo entre ellos que el rey..., dos reinos que se unen y confederan por medio del rey, pero que no se incluyen." Tal es el código originario de América, que Mier, empleando la terminología en boga, denomina "Constitución Americana". Las reivindicaciones de los insurgentes son fieles a ella; son los europeos los que tratan de abolir el pacto social y sustituirlo por un gobierno tiránico...

Al declarar los pensadores de la insurgencia la independencia de la nueva nación También declaraban el rompimiento con el sistema social colonial. Entre otras cosas, los Sentimientos de la Nación contemplan la supresión del sistema de castas, la residencia de la soberanía en el pueblo y la independencia de la nación ante cualquier potencia extranjera. En otro sentido, se pronunciaba a favor de la conservación del catolicismo como única religión (y como religión de Estado en los hechos) y la exclusión de los extranjeros de las actividades económicas. Se trata, por tanto, de un documento sumamente radical cuyos puntos principales son recogidos por el Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional --firmada el 6 de noviembre de 1813-- y la primera Carta Magna de México, la Constitución de Apatzingán, redactada por el Constituyente de Anáhuac en fuga de sus perseguidores españoles y promulgada en Apatzingán, Michoacán, en 1814. La Carta de Apatzingán no pudo ser puesta en marcha debido a la mala ventura de los insurgentes en sus encuentros militares con el ejército realista.

De Chilpancingo al paredón de Ecatepec


En junio de 1813, Morelos convocó a un congreso nacional de representantes de todas las provincias, y se reunieron en Chilpancingo en el actual estado de Guerrero para discutir el futuro de México como una nación independiente. Los puntos más importantes del documento preparado por el congreso fueron la soberanía nacional, el derecho universal al voto a todos los hombres, la adopción del catolicismo como la religión oficial, la abolición de la esclavitud y el trabajo forzado, el fin a los monopolios gubernamentales y el fin de los castigos físicos. Se firmó la declaración de independencia el 6 de noviembre de 1813. Aunque las fuerzas de Morelos tuvieron éxito inicialmente, las autoridades coloniales vencieron el sitio de la ciudad de México después de seis meses, capturaron posiciones en las áreas vecinas, y finalmente invadieron Chilpancingo. Después de estas derrotas el congreso (principalmente Ignacio López Rayón), en vez de hacer unión para poder llevar al éxito la independencia, decidió desconocer a Morelos como generalísimo y jefe supremo del ejército y le asignaron únicamente la protección del congreso en fuga. Morelos logró protegerlos de tal suerte que se logró la redacción de una constitución, que fue jurada en Apatzingán el 22 de octubre de 1814. La constitución daba poderes absolutistas al congreso (en abierta pugna entre sí) y este no tardó en reasignar los efectivos para la lucha y dejar practicamente sin fuerzas a Morelos, (por temor a que tomara el poder). Morelos fue capturado meses después en una escaramuza por mantener a raya a los realistas que perseguían a los congresistas y enfrentó el mismo destino que Hidalgo, murió fusilado después de ser degradado y excomulgado el 22 de diciembre de 1815. Morelos

2.4- La guerrilla Insurgente

El movimiento de independencia de México fue un proceso lento y difícil y tuvo como objetivo la terminación de tres siglos de dominación española. México podía asumir su independencia, sin la tutela española. Fue una lucha de 11 años de guerra fratricida, se dividió, en dos etapas: la primera, estuvo encabezada por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende al mando y una segunda etapa con José María Morelos y Pavón, misma que concluiría con Vicente Guerrero. 
Tras la muerte de Morelos (1816-1820) empalman con el ocaso de la insurgencia.
El virrey Calleja (1813-1816) es el principal causante: sus medidas de terror, su estrategia política, su astucia para controlar a la casta militar, pero sobre todo la metódica y cuidadosa ofensiva que planeó en el año de 1813, fueron factores básicos de aquel derrocamiento. 
La guerrilla insurgente utilizó todos los instrumentos a su alcance, métodos no profesionales se mezclaron con los profesionales por la heterogeneidad de formación de los jefes insurgentes; en los planes estratégicos estaban las operaciones logísticas con el fin de controlar las vías de comunicación que les asegurara control de territorios, desplazamiento de efectivos, víveres, entre otros.

Las vías marítimas fue también preocupación de los Jefes insurgentes, aunque es conocido que su utilización estaba restringida, por lo que el General José María Morelos y Pavón expidió el 14 de julio de 1815 el decreto por el que se autorizaban las patentes(23) a todos aquellos ciudadanos nacionales o extranjeros que decidieran apoyar la causa de independencia, atacando al comercio marítimo español; en la misma fecha se expidió el decreto por el que se creaban las banderas nacionales de guerra, parlamentaria y de comercio .
Previamente Morelos había ordenado al General Guadalupe Victoria, Comandante militar del área de Veracruz, apoderarse de un lugar de la costa donde establecer y consolidar un puerto para recibir las armas y pertrechos que los agentes mexicanos adquirirían en los Estados Unidos; el General Victoria estableció el Puerto en Boquilla de Piedras, paraje situado a 50 kms al norte de Veracruz. 

Hay datos que permiten establecer que el Coronel Peredo o algún agente mexicano estableció contacto con el corsario francés Jean Lafitte, que operaba bajo la tolerancia del gobierno de los Estados Unidos y que tenía su cuartel general en la isla de Barataria en la Bahía de Nueva Orleáns y que este recibió siete banderas mexicanas para operar en aguas mexicanas: Goleta “ La Velona” con 95 hombres, Goleta “La Guerrera “con 86 hombres, Goleta “ La Republicana” con 80 hombres, Goleta “La Elisa” con 40 hombres, Goleta “El Terrible” con 75 hombres, Corbeta “Brutus” con 122 hombres, Goleta “ La Mexicana” con 60 hombres. Esta es quizás la razón por la cual hacia 1816 se encontraba concentrada en Boquilla de Piedras, una pequeña escuadrilla al mando del corsario francés Louis Ory constituida y organizada de la siguiente forma: Goleta Mexicana y Goleta Morelos. 

La “Goleta Mexicana” es la que Francisco Heredia y Vergara nombra también como “El Mexicano” y “General Morelos”. Integrada a esta flotilla pero con diferente patente se encontraba la Goleta “El Hidalgo”.

Juan de Galván coadyuvó a la causa de la independencia armando en corso y mandando la Goleta “La Patriota” que transportaba armas a puertos mexicanos, la cual en septiembre de 1816 combatió y capturó a la Goleta española “La Numantina” frente al Puerto de Coatzacoalcos, conduciéndola a Nueva Orleans donde la entregó al General Francisco Mina para apoyar su expedición.

De todos los jefes que sucedieron a Morelos, quizás el más dotado no para la guerra de guerrillas, sino para organizar tropas de línea a nivel profesional, fue Mier y Terán, quien en Londres conoció a Javier Mina, induciéndolo a ir a la Nueva España a luchar por el liberalismo y la insurgencia.
Mina le dio un gran impulso a la revolución, a pesar de las condiciones adversas que se le interpusieron. Con poco más de trescientos hombres desembarcó en la Barra del río Soto la Marina, el 15 de abril de 1817. Apodaca desplegó un formidable aparato bélico para detener la carrera triunfal de Mina en suelo mexicano. Mina fue fusilado por la espalda el 11 de noviembre de 1817. Luchador incansable contra el absolutismo y contra todo género de sistemas opresivos en Europa y en América, el idealista Javier Mina hizo cumplido honor a su renombre: “héroe liberal de España y de México.

A principios de 1820 la guerra por la independencia había llegado a un punto muerto, a un verdadero callejón sin salida. Entonces ocurrió lo inesperado: la transacción hacia la consumación, en donde todos perdieron y todos ganaron.

2.5- La Consumación de la Independencia


Las Cortes y la Constitución de Cádiz.



A las Cortes de Cádiz acudieron diecisiete diputados de la Nueva España. Exigieron que españoles e hispanoamericanos fueran iguales ante la ley; que se dejara de discriminar a las castas; que se abrieron más caminos, escuelas e industrias; que los habitantes de la Nueva España participaran en su gobierno; que hubiera libertad de imprenta y se declarara que la soberanía reside en el pueblo.

La Constitución Política de la Monarquía Española, el documento que produjeron las Cortes, se promulgó en marzo de 1812. Redujo los poderes del rey, estableció la igualdad ante la ley de peninsulares y americanos, y eliminó el tributo que pagaban los indígenas. Sin embargo, cuando las tropas de Napoleón fueron expulsadas de España en 1814, subió al trono Fernando Vll y se negó a gobernar conforme a la Constitución.

Los liberales fueron perseguidos, pero siguieron defendiendo sus ideas. Con el apoyo de parte del ejército, en 1820 obligaron a Fernando VII a reconocer la Constitución. El rey no tardó en descartarla y volvió a mandar como monarca absoluto, pero el breve tiempo en que la reconoció tuvo consecuencias muy importantes.


La Nueva España hacia 1820



En abril de 1817, el liberal español Francisco Javier Mina llegó a la Nueva España para luchar del lado insurgente. Lo acompañaba el sacerdote mexicano Fray Servando Teresa de Mier.

Mina llegó a Soto la Marina, en el golfo de México, con tres barcos y poco más de trecientos hombres, que había armado con dinero conseguido en Inglaterra y en los Estados Unidos, países que tenían interés en debilitar a España. Mina recorrió el Bajó, ganó algunas batallas e intentó tomar Guanajuato. Seis mese después de su llegada, fue hecho prisionero y fue fusilado.

Al llegar 1820, muchos insurgentes habían sido derrotados, se habían retirado o habían aceptado el indulto. Algunos seguían resistiendo. Entre otros, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero.

Guerrero nació en Tixtla (ahora en el estado de Guerrero), en 1782. Peleó bajo las órdenes de Hermenegildo Galeana y de José María Morelos. Casi siempre salió victorioso; destacó por su valentía y su lealtad


Triunfo de la Independencia


Tras más de diez años de lucha, había ruina y miseria en vastas zonas del país. Tanto los realistas como los insurgentes habían cometido atropellos y el gobierno del virreinato no podía dominar la situación. Los habitantes de la Nueva España ya no lo apoyaban. Lo que más querían era que se restableciera la paz.

Los españoles y los criollos ricos no deseaban obedecer la Constitución de Cádiz, que estaba de nuevo en vigor, porque les quitaba privilegios, así que apoyaron la independencia. También ellos querían la paz, y convencieron al virrey de que encargase al coronel criollo Agustín de Iturbide que acabara con Vicente Guerrero, para imponer el orden y terminar con la insurrección.

Guerrero conocía bien las montañas surianas y no fue posible derrotarlo. Valiéndose del padre de Guerrero, el virrey le ofreció perdonarlo si dejaba la lucha. El caudillo respondió: "La patria es primero".
Con el apoyo de los españoles y los criollos ricos, Iturbide le escribió a Guerrero pidiéndole que se reunieran para llegar a un acuerdo. Lo hicieron en Acatempan, donde Guerrero aceptó apoyara a Iturbide.

Guerrero sabía que eran muy escasas sus posibilidades de triunfo. Iturbide sabía que derrotar a Guerrero era el continuador de la lucha de Hidalgo y Morelos; Iturbide representaba el deseo de paz de la mayoría de la población y los intereses de los criollos ricos y de los españoles que vivían en América y que ya no querían depender de España.

En febrero de 1821, respaldo por Guerrero, Iturbide firmó el Plan de Iguala o de las Tres Garantías: invitaba a los habitantes del virreinato a unirse para lograr la independencia. Las tres garantías eran: una religión única (la católica), la unión de todos los grupos sociales y la independencia. México sería una monarquía constitucional. Cada garantía se convirtió en un color para la bandera de la nueva nación. En agosto llegó a la Nueva España Juan O'Donojú, el último español enviado a gobernarla. Vio que casi todo el país apoyaba a Iturbide, así que firmó con él los Tratados de Córdoba, documento que reconocía la independencia.
La rebelión de 1810 había concluido. La nueva nación tenía ahora que organizar su gobierno y reparar los destrozos de once años de lucha. Faltaban caminos y había grandes territorios deshabitados. La sociedad estaba desorganizada y el desorden político era abrumador.